Benidorm

Paseos marítimos y urbanidades ordinarias para una ideología del turismo de masas

Miguel Mesa

  1. Resumen

  La ciudad de Benidorm, situada tan solo a 40 Km al norte de Alicante, es para algunos autores[1], uno de los laboratorios de urbanismo experimental asociado al turismo más importantes del mundo.
  A pesar de las reiteradas críticas que se vierten sobre la ciudad y su modelo urbanístico, Benidorm es una de las pocas ciudades de la costa Mediterránea en las que el modelo de explotación industrial de sus principales recursos naturales (el sol y las playas) está asistido por un preciso proyecto de urbanización. Este encuentro entre economía y planificación urbana es lo que ha permitido que la ciudad haya alcanzado altas cifras de rentabilidad.
  En Benidorm se dan cita algunos de los argumentos más actuales en los estudios urbanos como el descentramiento de la ciudad como objeto de estudio, su ontología inestable, la atención hacia lo ordinario, el cuestionamiento de ciertos ecocentrismos que conciben la naturaleza y lo urbano como dos esferas separadas e incluso enfrentadas, o la renovación de los instrumentos de observación del fenómeno urbano para ensayar perspectivas relacionales y superar las visiones estructurales que han permanecido casi sin variaciones desde las aportaciones de la teoría urbana de los años 70.
  La relevancia y actualidad de estas cuestiones puede observarse en Benidorm siguiendo las estrategias de diseño que han sido practicadas en los proyectos de los dos paseos marítimos que recorren la mayor parte de su franja costera. Este escrito se propone desvelar cuales son los enfoques que están representados en cada uno de los dos proyectos y cómo han interpretado la ciudad y lo urbano en un caso tan particular como el de Benidorm.

 

  1. Introducción. Algunos números

  La actual Benidorm es el resultado del crecimiento de una pequeña aldea de pescadores que hasta 1960 contaba con 6.000 habitantes y que en 2011 llegaba ya hasta los 72.000, sin contar toda la población flotante que aporta la industria turística con la que la ciudad llega a alcanzar un total de 400.000 habitantes en verano. Cifra muy importante considerando que Alicante, la capital de la provincia, apenas llega a los 335.000.

En 1925 se construyen los primeros bungalows en la playa de Levante, pero no es hasta los años 50 que se inicia la gran transformación de su espacio municipal, primero con la clausura, en 1952, de la almadraba mayor[2], por su bajo rendimiento económico, y cuatro años más tarde con la aprobación del ordenamiento turístico de la villa durante la alcaldía de Pedro Zaragoza Orts (que entonces tenía 28 años), quien propone un futuro urbano para Benidorm dirigido a favorecer la implantación de la industria turística como principal actividad económica.
  A partir de entonces, la ciudad ha recibido todo tipo de calificativos, y la mayor parte de ellos no son elogiosos. De manera que se la ha estigmatizado como la ciudad manifiesto del urbanismo para turismo low-cost[3] o el paradigma urbano del turismo de masas, del mismo modo que han sido estigmatizadas las clases trabajadoras europeas (la principal clientela de Benidorm) como consumidores irresponsables, embrutecidas por su propia ansiedad y por unas condiciones culturales relacionadas con formas de consumo tiránicas, mala educación y desprecio a las más elementales normas de convivencia. Como consecuencia de este prejuicio, algunas voces se han manifestado a favor de una revisión de los objetivos de negocio de Benidorm para aproximarlos al cuestionable y discriminatorio modelo turístico “de calidad”, que buscaría orientar la oferta hacia consumidores de mayor poder adquisitivo. Este cuadro, presentado tanto desde posiciones conservadoras como desde una supuesta intelectualidad progresista, por cierto muy poco atenta a su propia trayectoria de clase, ha sido muy bien interpretado por algunos observadores de la sociedad británica como Owen Jones (JONES 2012), quien ha desvelado los verdaderos programas de estratificación y segregación social que se esconden tras la elaboración, más o menos conscientemente clasista, de este tipo de discursos.
  En cualquier caso, y al margen del desvelamiento de las motivaciones ideológicas que encarnan estos relatos, habría que empezar por derribar algunos lugares comunes que relacionan turismo de masas con baja productividad industrial, consumo de recursos, muy poca responsabilidad medioambiental y un gran impacto sobre el territorio. Por ello es importante hacer un breve registro cuantitativo de lo que ocurre y ha ocurrido en Benidorm en lo que respecta a su eficacia como modelo de explotación de recursos, porque como veremos lo cierto es que Benidorm es un negocio muy rentable[4].
  Sin entrar demasiado en detalle, hay una serie de cifras confirmadas por diversos estudios estadísticos[5] que pueden ser útiles para entender el alcance de lo que representa Benidorm en términos cuantitativos. La ciudad recibe 75 millones de estancias/día anuales, la cifra más alta de Europa después de Londres y París. El 43% de la actividad hotelera de la Comunidad Valenciana y el 60 % de la alicantina están concentradas en Benidorm. La media anual de ocupación hotelera en 2011 fue del 79,96%.[6] Benidorm es, después de Madrid y Barcelona el tercer destino turístico de la península, además es el principal destino turístico del Mediterráneo.[7]
  Casi 100 millones de turistas han visitado Benidorm desde los años 60, muchos de ellos reincidentes. Benidorm acumula globalmente ingresos por 135.000 millones de euros en los últimos cuarenta años, es por tanto una de las empresas más productivas de España, además con una excelente distribución de los beneficios, puesto que la actividad empresarial asociada al turismo está muy repartida y no pertenece solamente a grandes empresas de ocio vacacional, como ocurre en muchos otros destinos.
  La ciudad consta de 150 hoteles y 40.000 plazas; 383 restaurantes; más de 1.000 bares; 60 salas de fiesta; 170 pubs; 63 agencias de viaje; 1 cable-ski; 11 campings (que suman 12.000 plazas); 2.000 comercios; 6 consulados; 69 entidades bancarias; 4.600 hamacas; 1.400 sombrillas; 1 parque acuático; y 3 parques temáticos.
  Los habitantes de Benidorm proceden de 121 países diferentes. Aunque la población oscila a lo largo del año entre 150.000 y 600.000 personas, el número de residentes es de 75.000 (en el censo de 2010), más del 85% de la población censada no ha nacido en Benidorm, circunstancia que favorece la composición de una sociedad extraordinariamente cosmopolita[8].
  Además, en el plano estrictamente arquitectónico y urbanístico, es la ciudad del mundo con más rascacielos (68 edificios altos) per cápita[9], lo que por otro lado le permite alcanzar altos índices de compacidad, uno de los indicadores más elocuentes de sostenibilidad urbana, siendo además, contrariamente a la opinión generalizada, una ciudad muy poco densificada, al menos hasta épocas recientes en que algunos proyectos urbanísticos nefastos han consumido parte del suelo municipal protegido por el Plan General de 1963.

 

  1. Scantlily-clad girls, el planeamiento del biquini

  El modelo urbanístico de Benidorm ha sido ampliamente discutido y defendido por muchos autores poco sospechosos de favorecer un enfoque especulativo de los recursos territoriales. Desde escritores como J.G. Ballard (BALLARD 2013) a urbanistas y sociólogos como Henri Lefebvre[10], Mario Gaviria y José Miguel Iribas (GAVIRIA y IRIBAS 1977) o más recientemente, el estudio de arquitectura holandés MVRDV (MVRDV 2001), que dedicó a la ciudad un estudio completo, han explicado las singularidades urbanas de Benidorm. Tal especificidad puede encontrarse resumida en los cuatro principios observados por el sociólogo urbano José Miguel Iribas, uno de los grandes defensores del modelo: reparto equilibrado de los beneficios; rechazo del sprawl; excepcionalidad cultural; y – aunque a priori resulte insólito – sensibilidad medioambiental.
  La idea de impulsar el desarrollo económico de las ciudades costeras basándolo en el turismo fue un programa que se había convertido en la obsesión de algunos municipios turísticos del Mediterráneo español y para el que se diseñaron diversos modelos de explotación de los recursos disponibles, básicamente las horas de sol y las playas, que no siempre resultaron igualmente exitosos. Tal es el caso, por ejemplo, de ciudades turísticas como Marbella, Torremolinos o espacios naturales de gran valor paisajístico como el de La Manga del Mar Menor.
  El éxito de Benidorm, explica Iribas (IRIBAS 2007), se debe fundamentalmente a que se tomaron tres decisiones determinantes para la futura ciudad, que son singularmente divergentes con el resto de modelos de explotación:

  1. El planeamiento urbanístico proporcionaría el soporte espacial para impulsar, desarrollar y condicionar el modelo industrial establecido, que sería el del turismo.
  2. El mercado provendrá mayoritariamente del turismo de masas.
  3. No se harán distinciones entre las distintas procedencias de los turistas, tanto en lo que se refiere a nacionalidad como a la extracción social.

Las dos primeras no presentaban grandes inconvenientes para ser puestas en práctica, aunque en todo caso requerían una gran determinación frente a las múltiples ofertas y presiones, sin embargo la tercera es más problemática, porque implicaría a más agentes además de los locales.
  La España de la década de los años 50 y 60 del siglo pasado era todavía un país profundamente dominado por las pautas morales impuestas por la ideología nacional-católica, lo que dificultaba enormemente la aceptación de determinadas conductas que eran consideradas inmorales. La propia legislación franquista prohibía el uso del bikini en las playas, una tendencia que ya era muy común en el resto de Europa, especialmente en el Reino Unido y en los países escandinavos, dos de los principales mercados que el proyecto turístico de Benidorm debía conquistar. La batalla por la autorización para usar libremente el bañador de “dos piezas” inventado por Louis Reard en 1946 se convirtió entonces, para el Benidorm de la dictadura católica, en un punto de paso para asegurar la implantación del modelo turístico programado. El bikini era entonces un emblema (a pesar, claro está, de su carga simbólica machista y rijosa) de modernización y en definitiva en un dispositivo material de participación pública para reclamar la relajación de los estrictos preceptos socio-religiosos.
  Sea por su impacto simbólico o por sus efectivos retornos económicos, lo cierto es que la “excepcionalidad jurídica” concedida a Pedro Zaragoza por el jefe del estado forma parte de la historia mitológica de Benidorm. Podría decirse que la autorización para utilizar el bikini es el mito fundacional[11] del Benidorm actual, lo que ya es todo un programa urbanístico que se cimenta en lo ordinario. El diario conservador británico “The Telegraph” ofrecía un relato casi mitológico en el obituario publicado en abril de 2008, con motivo del fallecimiento de Pedro Zaragoza:

 

  Having arranged for water to be pumped to Benidorm from 10 miles distant to service the village, Zaragoza set about encouraging package tour operators who could fly plane loads of tourists to Spain. Initially he contacted airlines in Germany and Scandinavia, and came up with the less than snappy slogan “sun and beach” to attract visitors from northern Europe.
  It was primarily the British who responded, and the women brought with them the bikini, leading to the most celebrated episode in Zaragoza’s career as mayor. He had seen the two-piece swimming costumes in magazines, and knew that in northern Europe they were considered unremarkable. In Spain, however, they were banned by General Franco’s regime.
  In 1953 − on the principle that “you couldn’t stop it” − Zaragoza authorised the wearing of bikinis at Benidorm. No one in the country had attempted this, and there was uproar. As members of the Civil Guard scuffled with scantily-clad girls on Benidorm’s beaches, the local archbishop threatened to excommunicate Zaragoza, who decided to appeal directly to Franco.
  At 6am one morning he set off for Madrid on his Vespa motor scooter, arriving in the Spanish capital eight hours later. “I changed my shirt but I went in to the General with my trousers spattered with motor oil”, he later claimed. “He backed me, and the bikini stayed.” («Pedro Zaragoza – Telegraph» 2013)

 

  Esta historia tiene una importancia capital para entender la excepcionalidad urbana del proyecto Benidorm. Podría afirmarse que el resultado socio-espacial de la actual ciudad está históricamente vinculado con un hecho muy poco arquitectónico y más bien relacionado con conductas exóticas o la tolerancia del régimen hacia las costumbres procedentes del norte de Europa. Benidorm de esta manera se convirtió en uno de los espacios de tolerancia hacia las conductas sociales que llegaban del extranjero, en el que las rígidas leyes morales de la dictadura franquista podían ser territorialmente suspendidas. Una conquista que ocasionó para su alcalde tres amenazas de excomunión de la Iglesia Católica lo que, como puede imaginarse, era una advertencia bastante grave para el sistema de valores español de los años 50.

Pero en gran parte gracias a algo tan casposo, banal y superficial como la defensa del bikini, hoy Benidorm es una de las ciudades turísticas más importantes de Europa, visitada mayoritariamente por ingleses y escandinavos a lo largo de todo el año. Aquí se pueden observar fenómenos de enorme importancia para los estudios urbanos contemporáneos como las informalidades, los urbanismos instantáneos, las arquitecturas del ocio, el urbanismo vertical, las densidades, la arquitectura de lo cotidiano, los solapamientos entre esfera pública e intimidad, etc.
  El modelo urbanístico de Benidorm fue pionero en Europa. La apertura de grandes avenidas, la altura libre de los edificios, la normativa de respeto a la preferencia de vistas, la incorporación de las playas al ambiente urbano, la baja ocupación de las parcelas, la apuesta por la compacidad urbana la incorporación de los espacios verdes en régimen semiprivado (pertenecen a los propietarios de las viviendas, pero contribuyen al verde público), pero al mismo tiempo la tolerancia hacia cierta ilegalidad en la ocupación de los bajos y sus extensiones provisionales, hacen del urbanismo de Benidorm un caso de estudio de extraordinario interés, sobre todo si se toma en consideración la excepcional modernidad de los planteamientos contenidos en su Plan General que han favorecido la emergencia desregulada de algunos urbanismos espontáneos.

 

  1. Plan

  El Plan General de Benidorm fue el primero de los redactados en España[12] en tomar en consideración toda la extensión del suelo municipal. Esta decisión permitió afrontar la ordenación territorial globalmente, protegiendo de la especulación el suelo con mayor valor ecológico como el de la Sierra Helada y el de la Isla de Benidorm, lo que manifiesta una preocupación medioambiental poco frecuente en otras localidades costeras mucho menos denostadas por los discursos críticos más popularizados. Además, desde su redacción en 1956 el Plan fue modificado y refundido en 1963 para ajustar sus propuestas y facilitar su implantación, lo cual es una muestra de la flexibilidad de los procedimientos de redacción del documento.
  El principio fundamental del Plan fue el de establecer al mismo tiempo las pautas urbanísticas y el producto turístico, es decir el nuevo Plan debía trasladar al diseño de la ciudad la dimensión espacial que el proyecto industrial reclamaba para hacerlo viable. La articulación entre la vocación turística que se vinculó al modelo de explotación de los recursos municipales y el diseño urbano es una de las características más singulares del proyecto de la nueva ciudad de Benidorm como un urbanismo pensado para estimular y atraer el turismo de masas.
  Además, la construcción del aeropuerto de Alicante contribuyó también a impulsar el crecimiento exponencial de la población estable de Benidorm en los años 60 y mediados de los 70 hasta alcanzar los más de 25.000 habitantes censados en 1981, cifra que ha seguido subiendo hasta los 75.000 inscritos en el censo realizado en 2010.
  Iribas identifica los cuatro principios fundamentales que caracterizan la singularidad del urbanismo de Benidorm (IRIBAS 2007):

  1. Una distribución equilibrada de los beneficios del turismo entre todos los sectores y un fuerte impulso a la participación de los actores locales (el 86% de la población trabaja en el sector del turismo), una circunstancia infrecuente en el panorama de la industria turística internacional que se ha interesado mucho más por modelos de élite o “de calidad” como los desarrollados en el Caribe, Oriente Medio, Brasil, o el Sudeste asiático, buscando una clientela con mayor poder adquisitivo y concentrando la iniciativa empresarial en grandes holdings de la industria turística que ha fomentado la aparición o intensificación de fenómenos de estratificación y exclusión social.
  2. Rechazo del modelo suburbano de baja densidad. Esto permitió a la ciudad mantener importantes reservas de suelo (hasta épocas recientes en que se ha despilfarrado con iniciativas funestas como Terra Mítica). En muchos análisis se ha confundido este valor con el de la densidad. Benidorm no es en realidad una ciudad densa porque ha mantenido grandes áreas del territorio municipal sin construir.
  3. Es un modelo en conflicto con las corrientes dominantes en la disciplina. El valor del modelo ha sido reconocido en el ámbito académico solo muy recientemente como una valiosa contribución al urbanismo contemporáneo en España. En general la industria turística ha reclamado modelos urbanos mucho más convencionales, especialmente en épocas recientes en que la costa del Mediterráneo ha sufrido un consumo feroz de sus recursos territoriales a causa de la pésima (y frecuentemente corrupta) administración pública y del escaso perfil innovador de las iniciativas urbanísticas llevadas a cabo, la mayor parte aferradas a una idea del turismo “de calidad” que ha impulsado la ocupación en un tapiz constituido por extensas dispersiones de viviendas unifamiliares.
  4. Sensibilidad medioambiental con decisiones concretas en cuanto a la protección de suelo con alto valor ecológico como el de la Sierra Helada y la Isla de Benidorm.

 

  1. La playa de Benidorm, ciudad nueva

  Uno de los documentos que han contribuido de manera más notable a difundir la importancia de Benidorm como laboratorio urbano es el redactado entre el verano de 1972 y el invierno de 1975, por el grupo de trabajo del Seminario de Sociología Urbana, Rural y del Ocio, que hasta entonces había estado localizado en Madrid. Para realizar su investigación, durante casi tres años, un numeroso grupo interdisciplinar de expertos residió en Benidorm integrándose en la vida pública de la ciudad, en sus rutinas y en sus ritmos estacionales.
  El resultado de la investigación fue la publicación de algunos estudios sobre ecología, turismo y urbanismo y un extenso trabajo sobre Benidorm publicado en dos volúmenes, que era el encargo contratado por el Ayuntamiento al equipo ganador de un concurso para redactar el Estudio Socio-Urbanístico, Socio-Turístico y Prospectivo que precedía al Plan General de Ordenación Urbana de Benidorm (GAVIRIA y IRIBAS 1977). El contrato exigía que el equipo redactor trasladara su residencia a Benidorm durante el periodo que durase la investigación. La experiencia fue un gran éxito y el estudio permanece aún hoy como un hito fundamental en la literatura sobre sociología urbana y turismo.
  El trabajo dirigido por Mario Gaviria, José Miguel Iribas, Françoise Sabbah y Juan Ramón Sanz Arranz, fue redactado por más de 70 investigadores en distintas etapas y contaba con Henri Lefebvre como consultor. Consta de casi 800 páginas en las que se expone con gran detalle la evolución de la ciudad desde 1956 hasta la fecha de realización del estudio.
  Una de las conclusiones más importantes del informe es que en Benidorm, la planificación urbana ha sido (y será, insisten los autores) la base de la rentabilidad económica de la ciudad. En este sentido, el trabajo entiende Benidorm como una fábrica, que como cualquier otra industria produce una mercancía, que en este caso es diversión, ocio y descanso vacacional.
  En el largo capítulo dedicado a la playa el estudio concluye que la playa de Benidorm reúne los requisitos para calificarla como urbana por su alto grado de integración con la estructura de la ciudad, una condición que puede también comprobarse en las playas de Gijón, las de Barcelona, San Sebastián o la de Cannes en Francia. Como sucede en los demás capítulos, el que se ocupa de la playa incluye una serie de recomendaciones, algunas de ellas muy ambiciosas, que ya anticipan algunas de las propuestas incorporadas más adelante en las playas y en los futuros paseos marítimos en mayor o menor medida. Sin embargo muchas de esas recomendaciones se quedaron sin ejecutar, como ocurrió con la construcción de piscinas en el paseo marítimo, la instalación de playas artificiales en 20 balsas flotantes fondeadas a distancia de la orilla, el perfumado de la arena (algo que ya se había experimentado en Cannes), la eliminación del tráfico rodado, el fomento del baño nocturno iluminando el agua desde tierra hasta una distancia de 100 metros e incluso la climatización de la playa en temporada baja.
  Todas estas medidas impulsan la idea de una playa concebida como un espacio urbano más, que precisa de una fuerte inversión y de una atención muy cuidada por parte de los servicios municipales. De este modo la idea de una playa entendida como un espacio natural, separado de la vida urbana y que ofrece un encuentro con el medio natural, deja de tener sentido en Benidorm. Sin embargo, al reconocer a la playa su importancia en la cadena productiva de diversión que debe ser la ciudad, es preciso que aquella sea diseñada con mucho detalle.
  Pero este diseño, para ser eficaz, debe nutrirse, sobre todo, de las condiciones que una atenta observación de las cotidianidades que se presentan en estos espacios. La playa, como un espacio urbano más, es el soporte de múltiples relaciones y formas de sociabilidad que el diseño debe contribuir a articular, fortalecer o suavizar. Por esta razón, el equipo de investigadores del Seminario de Sociología Urbana, Rural y del Ocio, dedicó una parte muy importante de sus esfuerzos a realizar campañas etnográficas in situ que recogieran los distintos usos, ciclos, temporalidades y simultaneidades, además de los aspectos más técnicos como la calidad del agua, el color de la arena o su temperatura, lo que proporcionó una ingente batería de datos que permitieron elaborar una serie de propuestas que se proponían como intensificadores o condensadores de las actividades sociales más ordinarias como tomar el sol, el baño o el uso masivo de las hamacas y las piscinas.

 

  1. El urbanismo chavvy de Benidorm

  El interés de la teoría de la arquitectura por incorporar a sus análisis las categorías y los instrumentos que proporciona el estudio de lo ordinario no es algo nuevo. Referido a la crítica arquitectónica, la literatura científica sobre Benidorm tiene un claro antecedente que puede contribuir a explicar el modelo en ciudades como Las Vegas o algunas de las históricas ciudades costeras norteamericanas, la primera de las cuales fue descifrada por Venturi, Scott-Brown e Izenour en el imprescindible trabajo “Aprendiendo de Las Vegas” (VENTURI, SCOTT BROWN, y IZENOUR 2006), uno de los textos más influyentes de la teoría arquitectónica del S.XX, y más recientemente los escritos de Yoshiharu Tsukamoto (TSUKAMOTO 2010) o de Andrés Jaque (JAQUE 2011) sobre el alcance de lo ordinario en arquitectura. Un aspecto que ha recogido recientemente Enrique Walker en una selección de artículos fundamentales que ha tenido un fuerte impacto sobre la disciplina en España (WALKER 2010).
  Del mismo modo, el caso de Benidorm permitiría por tanto contribuir a ampliar el campo teórico en dos aspectos: por un lado para orientar la mirada hacia la cultura de lo ordinario, lo aparentemente secundario e incluso lo frívolo y lo que una visión académica podría considerar inconsistente y poco merecedor de estudio; por otro lado, la reelaboración de las descripciones de la ciudad, incorporando factores relacionales y aportaciones de las ciencias sociales, disponiendo las prácticas en la ciudad en el mismo nivel que los escenarios que les dan soporte.
  Una de las principales características de Benidorm es que se ha instituido como la ciudad de ocio para una parte importante de las clases subalternas europeas, especialmente las del Reino Unido, que han tenido acceso a consumos de otro modo inalcanzables gracias a ofertas como la de Benidorm:
  El 61% de los visitantes extranjeros proceden del Gran Bretaña, lo que supone casi un 30% del total de turistas anuales («Benidorm en cifras 2012, Ayuntamiento de Benidorm» 2013). La mayor parte de estos viajeros proceden de clases sociales trabajadoras y de bajo poder adquisitivo que acuden (muchas veces reincidiendo) a Benidorm buscando exactamente lo que ofrece: sol, playa, alcohol y sexo a precios asequibles. Esta categoría de visitantes ha ofrecido una versión ya estabilizada de la clientela de Benidorm, reforzada además por multitud de artículos de periódico, programas de televisión[13] y una descripción idéntica en todas las guías turísticas casi ofensiva que ha denigrado a la ciudad como un lugar en el que predomina el mal gusto, la incultura y la vulgaridad.

  Esta visión de lo ordinario como una parte de la realidad que debe ser desplazada de las discusiones académicas por la escasa calidad de sus propuestas y su irrelevancia intelectual, es algo que ocurre especialmente en arquitectura, aunque también es una constante en muchos ámbitos de la crítica reciente. Sin embargo, para muchos autores de otras disciplinas como la sociología, la antropología, los estudios urbanos o en el medio literario y cinematográfico, lo ordinario es una importante fuente de información y de inspiración[14].
  Para entender el actual papel de Benidorm en la cultura de masas contemporánea, es imprescindible considerar la transformación que ha sufrido la sociedad europea en los últimos 30 años y cómo ha fabricado sus propios relatos sociales para reforzar las políticas de estratificación, disgregación y discriminación de los sectores más pobres de la sociedad, porque Benidorm ha sufrido, como ciudad, la atribución de un relato tan prejuicioso y ofensivo como el que han tenido que soportar las clases trabajadoras europeas, víctimas de una demonización interesada, utilizando las palabras de Owen Jones (JONES 2012), para la puesta en funcionamiento de un programa político y un nuevo diseño de escalas sociales extremadamente reaccionario.
  La reflexión crítica sobre los dos paseos de Benidorm puede ser un excelente argumento para abordar algunos asuntos recurrentes en la crítica de arquitectura y en la renovación teórica de la disciplina que han ofrecido los enfoques atentos a lo ordinario como formas alternativas y desreguladas de reconstrucción de las sociedades. ¿Qué políticas y qué sociedades encarnan los paseos de Benidorm? Es la pregunta que podemos hacernos.

 

  1. Paseos

  La mayor parte del litoral de Benidorm está ocupado por las playas de Levante y la de Poniente. Ambas han sido objeto de dos importantes proyectos de paseo marítimo que articulan la relación entre el límite costero y la ciudad, sin embargo existen entre ellos grandes diferencias que trasladan a los diseños arquitectónicos y urbanísticos muchas de las controversias que han animado los debates en torno a la ciudad. En este sentido, ambos proyectos encarnan unas ideologías de lo urbano materializadas tecnológicamente como presencias políticas.

 

7.1 Paseo de la Playa de Poniente (2009)

  El más reciente de los dos paseos es un excelente trabajo de diseño que recibió el premio FAD de arquitectura en 2010, por “separar y unir dos mundos bien distintos con una sofisticada topografía”, según las motivaciones expresadas en el acta del jurado.

El proyecto de Carlos Ferrater y Xavier Martí utiliza con destreza muchos de los temas propios de la arquitectura de los bordes marítimos, la retórica de las olas, las escolleras de roca y la espuma, se proponen como el material plástico con el que explorar la propuesta formal. Las formas curvas continuas satisfacen las exigencias de tipo funcional como la accesibilidad, la separación del tráfico rodado, los espacios de descanso, los bancos y escaleras, los accesos a los aparcamientos, el saneamiento, etc. Toda la obra está realizada en hormigón blanco como material principal, que se podría interpretar como un modelo universal de acantilado que se presenta como un sincretismo geológico de los bordes rocosos de la costa mediterránea, reinterpretando la plasticidad de los modelados naturales producidos por los embates de los temporales y por el viento[15].
  A pesar de que los autores reivindican en este proyecto un planteamiento radicalmente innovador respecto a “lo que han sido los diferentes paseos marítimos que conocemos” (Proyectos OAB 2013), lo cierto es que la propuesta recoge algunas temáticas que ya han sido exploradas en otros lugares, como la articulación entre el espacio de la ciudad y el borde marítimo, como función principal, y no tanto la de proteger las zonas habitadas[16].
  Desde un enfoque relacional resulta bastante chocante la motivación del jurado que concedió el prestigioso premio, porque expresa una visión de “lo natural” y su relación con “lo artificial” como esferas separadas que en otras disciplinas, como la ecología política, ha sido ya problematizada desde hace décadas. Y tal vez esta sea la objeción más importante que se deba hacer a esta obra.
  En el paseo de Poniente, la re-construcción de un paisaje marino tiende a recuperar los valores naturales y a separar naturaleza y cultura, espacio urbano y espacio natural. Se favorece entonces una programación de la playa que se aleja de la idea de ciudad y se establece un límite que permite distinguir una parte de la otra. El paseo, con su presencia blanca en el paisaje de la ciudad, con su trazado tautológico y sus recorridos marcados es una arquitectura de pliegues. El proyecto de Ferrater por tanto, propone de nuevo problemas metalingüísticos, formales, funcionales o programáticos, olvidando la importancia de los valores relacionales propuestos por la originalidad urbanística de Benidorm.

 

7.2 Paseo de la Playa de Levante (2002)

  Podríamos decir entonces que la intervención más reciente, la de Poniente, se centra en la recuperación simbólica de los valores “naturales” de la playa, mientras que el paseo de Levante resulta de la emergencia de la dimensión ecosistémica del hecho urbano.
  Ambos trabajos se corresponderían por lo tanto con proyectos turísticos bien distintos. El primero de ellos parece ofrecer una renovada apuesta por la playa como espacio natural, separado de la ciudad y protegido de su bullicio, de sus zonas oscuras y de sus tendencia al desorden, mientras que el segundo procede a intensificar precisamente aquello que el otro parece querer debilitar: la actividad urbana, es decir el paseo de Poniente, en mi opinión, se propone como un filtro de lo que no es natural para facilitar un uso “naturalizado” de la playa.
  Sin embargo, es precisamente esta arriesgada apuesta por lo urbano lo que hace extraordinario el paseo marítimo de Levante. El proyecto de MBM utiliza muy poco material “constructivo” pero mucha intensidad urbana. En este caso pasamos del régimen de los objetos al de las relaciones que éstos activan, de manera que los servicios de la playa, que incluyen alquileres de hamacas, pedalos, sombrillas, duchas, lavapiés, juegos infantiles, segways, cochecitos eléctricos y sillas anfibias para discapacitados, entre otros muchos objetos e instalaciones playeras, no están desconectados de los bares, pubs, restaurantes, tiendas de souvenirs y ropa “vacacional” que se sitúan en la fachada del paseo. Además las terrazas de los altos edificios residenciales que se alinean a lo largo de la playa, se convierten en palcos privilegiados del espectáculo extraordinario de la playa y el paseo. Todo forma parte de una misma coreografía en la que lo urbano, el turismo de diversión, las relaciones humanas desprejuiciadas, el disfrute a precios asequibles, el sol, la arena, y la música de baile se mezcla con grandes grupos de turistas “senior” viajando en cochecitos eléctricos en ambos sentidos, practicantes de jogging, despedidas de solterxs, pequeñas atracciones infantiles y una impresionante variedad de tatuajes y piercings sobre pieles abrasadas por el sol. Y esto sucede con relativamente poca estacionalidad, un logro que también es en parte responsabilidad del soberbio diseño arquitectónicos del paseo.

  Finalizado en 1996, el Paseo marítimo de Levante comenzó a proyectarse en 1993 por los arquitectos Josep Martorell, David Mackay y Oriol Bohigas. El paseo debía mejorar los accesos a una de las playas urbanas más célebres de Europa y al mismo tiempo proporcionar un nuevo espacio público que intensificara la actividad en el frente marítimo. Las decisiones de proyecto fueron relativamente elementales: mantener la cota de la calle, dejando elevado el plano del paseo solamente unos centímetros por encima del nivel de la arena; utilizar la madera como material de pavimento para la transición entre la arena y la calle (que recuerda importantes precedentes como Atlantic City, Ocean City o Coney Island); emplear una vegetación autóctona de palmeras que invaden la playa; resolver la iluminación mediante una serie de báculos que también invaden la arena y desde los que se extienden cables con lámparas que recuerdan las luminarias que se utilizan temporalmente en las calles en fiestas.
  Mediante estas cuatro estrategias, MBM facilita la urbanización de la playa, la incorpora definitivamente a lo urbano y la ofrece para su uso casi libre. La iluminación festiva, como el elemento de diseño más notable de la propuesta es una invitación a la celebración de la vida urbana y al uso alegre y no normalizado de la ciudad y de hecho el éxito de la propuesta así lo confirma.
  El paseo de Levante articula la relación entre dos ámbitos que se reconocen igualmente como espacios urbano: la playa y las calles de la ciudad, deslegitimando la idea pueril de que el mar de Benidorm, en el que se despliegan las actividades humanas más variadas, como el tele-esquí náutico, la natación, la conversación goffmaniana[17] o el “discreto” sexo submarino, tanto de día como durante la noche, sea algo más “natural” que la calle.

 

  1. Conclusiones

  Los dos paseos marítimos de Benidorm, construidos a distancia de diez años uno del otro, no representarían solamente una materialización de dos modelos muy diferentes de explotación industrial del capital turístico, sino que ofrecen dos posiciones radicalmente diferentes sobre las posibilidades de intervención de la arquitectura en la articulación tecnológica de contextos socio-culturales. El más reciente (el de la Playa de Poniente) recupera y explota la idea “romántica” de una naturaleza separada de la esfera de lo humano o de lo cultural, y mantiene la vieja noción del paseo marítimo como defensa contra los embates del mar, disponiendo la operación arquitectónica hacia una función moduladora de los dos ámbitos, el de la naturaleza y el de la ciudad.
  El paseo de Levante, al contrario, no se presenta como un elemento de conexión entre dos esferas en conflicto, sino que acepta (y explota) la condición ecosistémica de lo urbano, asumiendo una visión de la naturaleza que incluye también lo humano, lo material y lo tecnológico, participando de la constitución de un ensamblaje complejo formado, como sugiere Bruno Latour (LATOUR 2008), según unos parlamentos híbridos en los que humanos y no humanos se relacionan horizontalmente en redes sin jerarquizar.
  Pero además el proyecto de Levante asume lo ordinario como una estrategia, no solamente comercial, sino que la incorpora como un factor propio en el diseño. Las guirnaldas de feria, la iluminación de la arena, las zonas pavimentadas de madera para contemplar el espectáculo diario de la playa, y la escasa ambición “autoral” revelan una sensibilidad hacia lo banal, lo superficial y lo irrelevante como una forma de reivindicar reorganizaciones sociales más horizontales y menos prejuiciosas.

 

  Miguel Mesa del Castillo Clavel es Doctor Arquitecto y Profesor Ayudante de Proyectos Arquitectónicos en el Departamento de Expresión Gráfica y Cartografía de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad de Alicante.
Notas

[1] Mario Gaviria, José Miguel Iribas, Henri Lefebvre o J.G. Ballard se encuentran, como veremos, entre los estudiosos que se han interesado, desde distintos campos disciplinares, de la singularidad del fenómeno de Benidorm.
  [2] La almadraba es un arte de pesca utilizado en la costa sur y sureste española (atlántica y mediterránea), norte de Marruecos e Italia para la captura del atún desde tiempos prerromanos. Se trata de un laberinto de redes sujeto a los barcos que se sitúa en el paso de los atunes en sus rutas migratorias desde el Atlántico al Mediterráneo y en sentido opuesto, desde el Estrecho de Gibraltar hasta Sicilia. La Almadraba de Benidorm era una de las más importantes y sus pescadores eran considerados como grandes expertos en esta técnica.

[3] Hay que puntualizar que la llamada industria Low Cost no implica, como veremos beneficios más modestos, sino más bien lo contrario, al menos en el caso que nos ocupa.

[4] La descripción de la economía de la ciudad como nodo de competitividad ha sido ampliamente discutida y desacreditada por autores como Amin y Thrift, este texto no pretende defender la idea de que la dimensión espacial de la ciudad pueda por sí misma generar retornos económicos ni presentar a Benidorm como una ciudad modelo de la economía global (más bien sería lo contrario, ejemplo de una economía urbana de flujos y no de centralidades conectadas), sino simplemente dar cuenta de un relato distinto sobre la ciudad respecto al comúnmente reconocido, empezando por los resultados de su programa económico, al margen del enfoque que se adopte para explicar el funcionamiento general de la economía de las ciudades. Para una mayor documentación sobre el tema véase: (AMIN y THRIFT 2002).

[5] La mayor parte de estos datos están tomados de las estadísticas municipales y del Instituto Nacional de Estadística, aunque existen campañas aún en proceso de realización de recogida de datos en base a otros indicadores como consumos de agua y energía o producción de residuos sólidos urbanos que quizás podrían aportar cifras más precisas para un caso tan singular en cuanto a las oscilaciones de su tasa de población como Benidorm.

[6] Fuente: Asociación Empresarial Hostelera de Benidorm y la Costa Blanca: HOSBEC http://www.hosbec.com/

[7] Es un valor que no puede ser comparado con los centros turísticos de Canarias por la diversidad climática y la extensión de las temporadas altas en las islas.

[8] Fuente: («Instituto Nacional de Estadística. (Spanish Statistical Office)» 2013)

[9] Fuente: («Benidorm Skyscraper Diagram – SkyscraperPage.com» 2013) («Benidorm Skyscraper Diagram – SkyscraperPage.com» 2013)

[10] Entre 1972 y 1974, Henri Lefebvre fue invitado por el urbanista y sociólogo Mario Gaviria, que había sido estudiante suyo, a que participara en la investigación que éste estaba llevando a cabo en España sobre nuevas ciudades turísticas, que se había centrado sobre todo en Benidorm.

[11] El mito fundacional es el que explica el origen de una ciudad, en el caso de Roma, por ejemplo, es el de Rómulo y Remo, criados por una loba; en el caso de Atenas es el de la competición entre Poseidón y Atenea. El bikini es el mito fundacional del urbanismo ordinario que está representado por Benidorm.

[12] El Plan General de Ordenación Urbana de Benidorm es hoy objeto de estudio en múltiples ámbitos académicos. Fue redactado por arquitectos y urbanistas de gran prestigio en la época, como Manuel Muñoz Monasterio, Luis Rodríguez Hernández y Francisco Muñoz Llorens, quien se había ocupado de proyectar las nuevas alineaciones de la Playa de Levante, que ya presentan de forma embrionaria las principales ideas del futuro Plan.

[13] Por ejemplo la serie de televisión I Love Benidorm de la cadena ITV que en 2008 consiguió audiencias astronómicas de hasta el 28% de cuota de pantalla.

[14] Esta cuestión ha sido discutida recientemente por muchos autores que a raíz de la reciente desaparición de dos grandes realizadores de cine españoles muy vinculados a lo ordinario, como Jess Franco y Bigas Luna, han reivindicado sus respectivas cinematografías y el empleo que ambos han hecho de las categorías de lo banal, lo superficial y lo grotesco. En este sentido véase por ejemplo: (FERRÉ 2013)

También puede consultarse la excelente contribución que, desde las ciencias sociales está haciendo el grupo de trabajo “Sociología Ordinaria”, véase: («sociologia ordinaria | Aprendiendo de lo banal, lo frívolo y lo superficial» 2013)

[15] Véase al respecto, la memoria del proyecto publicada en la página web del estudio OAB: («Proyectos OAB» 2013)

[16] En España se han construido recientemente algunos paseos marítimos que presentan intereses y preocupaciones muy similares, como el de Vinarós (Vicente Guallart, 2009), o el de Torrevieja (Carme Pinós, 2000)

[17] La importancia para los estudios urbanos del interaccionismo simbólico y de la etnometodología todavía no ha sido suficientemente reconocida en los marcos disciplinares de la arquitectura.

 

Bibliografía

AMIN, Ash, y Nigel THRIFT. 2002. Cities : Reimagining the Urban. Cambridge: Polity.

BALLARD, James Graham. 2013. «‘What I Believe’». Accedido agosto 26. http://www.jgballard.ca/uncollected_work/what_i_believe.html.

«Benidorm en cifras 2012, Ayuntamiento de Benidorm». 2013. Accedido mayo 19. http://portal.benidorm.org/nuevociudadano/sites/default/files/benidorm_en_cifras_2012.pdf.

«Benidorm Skyscraper Diagram – SkyscraperPage.com». 2013. Accedido mayo 22. http://skyscraperpage.com/diagrams/?cityID=602.

FERRÉ, Juan Francisco. 2013. «La vuelta al mundo: Homenaje a Jess Franco». Accedido mayo 19. http://juanfranciscoferre.blogspot.com.es/2013/04/homenaje-jess-franco_12.html.

GAVIRIA, Mario, y José Miguel IRIBAS. 1977. Benidorm, ciudad nueva. Madrid: Editora Nacional.

«Instituto Nacional de Estadística. (Spanish Statistical Office)». 2013. Accedido agosto 26. http://www.ine.es/.

IRIBAS, José Miguel. 2007. «Aprendiendo de Benidorm: Pedro Zaragoza, 1922-2008». Arquitectura Viva 117 (noviembre): 128.

JAQUE, Andrés. 2011. Eco-ordinary. Etiquetas para la práctica cotidiana de la arquitectura. Madrid: Universidad Europea de Madrid.

JONES, Owen. 2012. Chavs: La demonización de la clase obrera. 1.a ed. Capitán Swing.

LATOUR, Bruno. 2008. Reensamblar lo social : una introducción a la teoría del actor-red. Buenos Aires: Manantial.

MVRDV. 2001. Costa Ibérica. Barcelona: ACTAR.

«Pedro Zaragoza – Telegraph». 2013. Accedido mayo 26. http://www.telegraph.co.uk/news/obituaries/1583716/Pedro-Zaragoza.html.

«Proyectos OAB». 2013. Accedido mayo 26. http://www.ferrater.com/_proyectos/proyectosFrags/fragProyectosDatos.php?id=11&idioma=1.

«sociologia ordinaria | Aprendiendo de lo banal, lo frívolo y lo superficial». 2013. Accedido mayo 26. http://sociologiaordinaria.com/.

TSUKAMOTO, Yoshiharu. 2010. Behaviorology. New York: Rizzoli.

VENTURI, Robert, Denise SCOTT BROWN, y Steven IZENOUR. 2006. Aprendiendo de Las Vegas: el simbolismo olvidado de la forma arquitectónica. 1a. ed., 6a. tirada, colección «GG reprints». Barcelona: GG.

WALKER, Enrique. 2010. Lo ordinario. Barcelona: Gustavo Gili.

IMAGEPaseo de Levante, Benidorm (2013)

IMAGEPlaya de Levante, Benidorm (2013)

IMAGEPaseo de Poniente, Benidorm (2013)

IMAGEPlaya de Poniente, Benidorm (2013)